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domingo, 20 de julio de 2008

WALL-E

Acostumbro a decir lo mismo todos los años cada vez que salgo de ver una nueva película de esa imparable factoría que es Pixar. Lo dije con Ratatouille, una de las mejores películas del año pasado; lo he repetido cuando vi Nemo o Los increíbles. Y ahora sucede otra vez. Y lo digo: Pixar lo hizo de nuevo. Cuando parecía imposible ir todavía más allá, el director Andrew Stanton crea una gema de la animación, una obra maestra que contiene en su interior tantas capas que hace interminable su análisis.

La historia se centra en un robot llamado WALL-E que siete siglos después de que la humanidad conquiste el espacio, se encuentra haciendo la tarea para la que fue creado: compactar la basura que quedó en la tierra luego del escape de la humanidad. Todos los días WALL-E, a base de energía solar, se encarga de hacer su monótono trabajo. Tantos siglos hicieron que este robot (una mezcla del robot de Cortocircuito con algunos rasgos de E.T., pero todavía más enternecedor que cualquiera de estos dos) desarrollara una personalidad romántica, nostálgica y cariñosa. Aferrandose a la edad en que los humanos habitaban la Tierra mediante una cinta en VHS del musical Hello Dolly!, WALL-E aprenderá de esta película que en una época las cosas eran distintas. La necesidad del amor, presente en toda la filmografía de Pixar, aparece con la llegada de EVE un robot mucho más moderno. EVE tiene un carácter peculiar, como si fuese una adolescente susceptible por todo, “ella” no tiene problemas en aniquilar cualquier cosa que se mueva, tiene movimientos bruscos y parece concentrada solo en su trabajo. WALL-E y EVE a la larga desarrollaran una relación de amor y amistad que los llevará hacia una plataforma especial en la cual los humanos, seres regordetes que ni siquiera se pueden parar, están comunicados por medios de computadoras sin observar lo que tienen adelante. Ahí nos detenemos un minuto.

Como mencioné anteriormente, el último film de Pixar contiene múltiples capas que pueden analizarse con detenimiento. La película de Stanton se puede dividir en dos partes bien notorias: por un lado en el planeta Tierra con WALL-E y EVE, y por el otro en esa especie de crucero intergaláctico en la cual se desarrolla el nudo de la historia. La Tierra es un lugar inhabitable, un gran deposito de basura al lado de una compañía multinacional que parecería que tomó las riendas de la humanidad en su pasado. Un pasado, nuestro presente, que se asemeja mucho a lo que muestra el film de Pixar. Es imposible no sentir tristeza al ver ese mundo ferroso en el cual se desplaza WALL-E. Tristeza porque ese futuro es peligrosamente cercano.

Con una feroz critica, pero que nunca cae en el subrayado innecesario, al consumismo cuando se refiere al rol del humano en el futuro, el film es un espectáculo tanto visual como alegórico. Capaz es el film menos accesible para los más chicos que haya alguna vez producido esta compañía, pero a diferencia de sus contendientes de Dreamworks, los productos de Pixar pretenden mostrar un mensaje oculto para que adultos y niños puedan descubrirlo. No hay chistes fáciles, un montaje apresurado, historias ya vistas. Todo en WALL-E es autentico y casi innovador. Parece imposible decir que en los primeros treinta minutos no hay diálogos (en el cual nuestro robotito hace recordar a Chaplin y Buster Keaton) y que justamente sus dos protagonistas inician una especie de relación casi sin pronunciar palabra. En tiempos en los que Hollywood no se da el lujo de realizar propuestas arriesgadas, llega Andrew Stanton para apostar todo en un simple robot de hojalata. Y le sale maravillosamente bien.

Volviendo una vez más al film, WALL-E hace guiños constantes al adulto. Desde hace bastante tiempo los films producidos por Pixar son digeridos mejor por el adulto que por el niño. En este ultimo trabajo, el adulto va a poder entender mucho mejor el contexto en el cual transcurre la película que un niño. Pero eso no quiere decir que los más chicos no puedan descubrir el verdadero significado del film. Los temas universales de Disney, como el amor y la amistad, son agrupados con otra temática más profunda como lo es el exceso del consumismo y el capitalismo y el rol del ser humano en un futuro no tan lejano. Si digo que WALL-E es la película del año, no estoy para nada errado. Audaz como pocos, presenta dos protagonistas que como hacía mención casi no se hablan y que sin embargo generan una de las historias románticas más interesantes de los últimos tiempos. La “humanización” de los robots pero sin descuidar su verdadero origen, hacen que estos generen emociones realmente genuinas como pocas películas pueden lograr. La escena en la cual WALL-E y EVE bailan en el espacio es realmente una de los momentos más poéticos que se vieron alguna vez en el cine.

Si en 2001: odisea en el espacio, la historia del universo se construía por etapas que marcaban el papel del ser humano sobre la tierra y la conquista del espacio, en WALL-E la historia no es tan lejana a la fabula de Arthur C. Clark. La humanidad se verá en la tarea de avanzar, de quebrar barreras para superarse a si mismo. Igual que en el film de Kubrick, el humano es el único que finalmente puede avanzar a otros universos, conquistas galaxias o redescubrir su propio mundo. Parece algo difícil unir estos temas en un producto “para chicos”, pero Pixar lo hace y crea otra obra maestra. Como dijo el critico Horacio Bernades en su critica sobre la película “WALL-E es el mejor programa cinematográfico que la humanidad pueda ofrecer, antes de convertirse definitivamente en un gigantesco depósito de desperdicios.”. Encantadora, tierna, osada, por momentos desoladora, con una visión algo fatalista de un futuro cercano, WALL-E es hasta el momento la mejor película de 2008.



WALL-E (Estados Unidos, 2008)
Dirección: Andrew Stanton.
Interpretes: Ben Burtt, Elissa Knight, Jeff Garlin, Fred Willard, John Ratzenberger, Kathy Najimy, Sigourney Weaver.
Guión: Andrew Stanton.
Producción: Jim Morris.
Montaje: Stephen Schaffer.
Calificación: 10


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