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miércoles, 10 de septiembre de 2008

La mujer sin cabeza



Vero maneja con su auto por las rutas salteñas. De repente, siente un fuerte golpe y cae en la cuenta de que ha atropellado algo. Luego de estar paralizada por unos segundos, retoma la marcha lentamente. El espejo retrovisor indica que ha chocado contra un perro. Sea lo que fuera, Vero permanece en estado de shock. Busca una respuesta a su estado pero no la encuentra. Su perspectiva hacia su propio mundo se altera luego del accidente. La sociedad (incluida su propia familia) se vuelve extraña. Ya no confía en nadie. Todo parecería indicar que atropelló un perro logrando que su existencia se estabilice. Sin embargo, días más tarde, un cuerpo encontrado cerca del lugar del accidente abre nuevas sospechas entre ella y su entorno.

La última película de Lucrecia Martel, La mujer sin cabeza, fue noticia hace unos meses por ser abucheada en el Festival de Cannes, en donde fue presentada en su selección oficial. Esa noticia fue negada por algunos medios testigos del momento explicando que fue un pequeño grupo de críticos que se manifestó en contra del film. Fueron esos mismos críticos quienes publicaron que simplemente no la habían entendido. Es un caso extraño, ya que La mujer sin cabeza se entiende perfectamente. Claro está que no es un film que ofrece respuestas fáciles y accesibles al público “común”, pero dentro de las numerosas capas que contiene se pueden apreciar los temas que pretende exhibir Martel en su relato acerca de Vero (extraordinaria Maria Onetto), la perturbada protagonista de su película.

Los espectadores al ver La mujer sin cabeza van a tomar dos caminos distintos. Algunos van a encontrar a la verdadera esencia del cine de Martel y otros verán el film como una cadena de situaciones que no aporta nada al resultado final. La película esconde en cada escena un secreto, una identidad propia que hace que el relato se constituya de todas estas haciendo que cada vez que avance, se vuelve más atrapante. Por momentos funciona como un excelente thriller psicológico, especialmente en su segunda mitad, y por otros como un estudio sutil pero demoledor acerca del papel de la sociedad frente a un trágico hecho. Muchos analizaron el film (incluso la misma directora habló sobre el tema) relacionándolo con el rol de la sociedad en la última dictadura militar. Martel denuncia que los hechos ya conocidos por todos que se vivieron en la dictadura del año 76 fueron tapados en un acordado manto de negación por parte del grueso de la sociedad. Justamente es la negación uno de los temas principales de La mujer sin cabeza. Negación que va desde la protagonista hasta del resto de su entorno. Martel utiliza un perro o un niño pero en realidad no importa a quien o a que golpeó Vero. Lo que importa es lo que hay adentro de ese accidente, el cambio que se produce luego de un choque psicológico como el que tiene lugar en la película.

El círculo personal de Vero y el espectador se conectan luego del estado de shock y lo que vemos es la nueva visión de la protagonista, tal cual es, como si los otros personajes estuviesen al desnudo. La lucha de clases es uno de los temas que Martel examina en los distintos personajes. En el caso de Vero, ella ya no pertenece a ninguna luego de su repentino cambio. No pertenece casi a nada. Como si fuese un zombie, ella se desplaza en medio de esa sociedad viéndola como realmente es.

Pocas (realmente muy pocas) películas argentinas contienen el equipo técnico que utiliza Martel en La mujer sin cabeza. Todos sus rubros son sobresalientes como pocas veces se ve en el cine nacional. Los sonidos y los ruidos, elementos importantísimos en la película, están resaltados logrando que no solo La mujer sin cabeza sea una experiencia visual sorprendente sino que resulte gratificante para todos los sentidos. Eleva todo esto hacia un nuevo nivel en el cual ya no se hace hincapié a la narrativa, sino a la existencia de una realidad paralela y ahí es donde la cámara de Lucrecia Martel está posicionada para exhibir la realidad que ella pretende que el espectador perciba.

Decir que Lucrecia Martel es la directora más interesante del cine nacional ya tiene que ser considerado un lugar común. La mujer sin cabeza es la obra que permite demostrar que la realizadora salteña está en otro nivel que el resto de los cineastas argentinos. Su próxima película será la adaptación de El eternauta y ya es uno de los proyectos más esperados desde que se conoció la noticia.



LA MUJER SIN CABEZA (Argentina, Francia, Italia, España, 2008)
Dirección: Lucrecia Martel.
Interpretes: María Onetto, Claudia Cantero, César Bordón, Inés Efron, Daniel Genoud, María Vaner.
Guión: Lucrecia Martel.
Producción: Pedro Almodóvar, Agustín Almodóvar, Esther García, Verónica Cura, Enrique Piñeyro, Lucrecia Martel, Marianne Slot, Vieri Razzini, Cesare Petrillo, Tilde Corsi.
Fotografía: Bárbara Alvarez.
Montaje: Miguel Schverdfinger.
Calificación: 9