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sábado, 28 de febrero de 2009

Nueva comedia americana + Pineapple express y Role models

Como muchos saben, la Nueva comedia americana básicamente comenzó luego de las películas protagonizadas por el nuevo grupo representativo del genero. Estos son: Will Ferrel, Steve Carrell, Ben Stiller (aunque las comedias suyas ya venían cosechando exitos), Vince Vaughn y los hermanos Wilson. Desde aproximadamente el estreno de Zoolander. Sin embargo, dentro de esta nueva etapa aparece la persona responsable de crear un nuevo nivel de comedia en el cine actual. Judd Apatow, que había escrito el guión de la interesante Las locuras de Dick y Jane, realiza Virgen a los 40 años con Seteve Carrell en el papel más reconocido de su carrera. La película es casi una obra maestra del género y esto funciona básicamente gracias al tratado que el director le imprime sobre su protagonista. Como todos sabemos, el virgen cuarentón del film rechaza la idea de estar con una mujer luego de varias situaciones fallidas con el sexo opuesto. El miedo y el rechazo hacia establecer una relación de cualquier tipo hace que Andy, el protagonista, se encierre en si mismo siendo una suerte de marginado con relación al entorno que los rodea. Justamente la idea de Apatow es la creación de personajes patéticos, con problemas puntuales y bien expuestos, pero que generan la simpatía con el espectador. Al final de Virgen a los 40 años uno abandona a Andy sabiendo que su vida será distinta a partir del momento en que logra consumar el acto sexual con su esposa. Sin embargo, lo interesante es que el recuerdo de Andy no logra despegarse de la memoria. Esta amalgama también está presente en Ligeramente embarazada. Particularmente no es de mi agrado ya que luego de los primeros treinta minutos la película pierde el encanto del descontrol creado por el protagonista y su grupo de amigos, y adopta una postura más seria creada por el sexo femenino (a cargo de los personajes de Katherine Heigl y Leslie Mann).

En Superbad el amalgamiento es superior ya que Apatow (en el rol de guinista) y Greg Mottola (el director) plasman esta conexión entre los tres amigos y el espectador llevando a otros niveles. Superbad es una película acerca del crecimiento, de la perdida de la adolescencia, y sobre todo es un análisis de la amistad entre dos amigos en la etapa más conflictiva de sus vidas. No ser parte de esa conexión se debe a un rechazo del humor propuesto por Apatow y Mottolla. Esto quiere decir, simplemente, no entender muchos de los buenos chistes que tiene el film.

Hay varios ejemplos de personajes excluidos que tienen su redención final. Forgetting Sarah Marshall, Walk Hard (The Dewey Cox story), Step Brothers y las dos películas que voy a mencionar ahora. El principal poder del cine de Apatow radica en este entendimiento entre los personajes y el espectador, pero es notorio que esta conexión traspasa los límites de un film. Es decir, sabemos que las películas de Apatow cierran con un happy ending y con el reconocimiento de los personajes por parte de los demás participes de la película. Sin embargo, más allá de ser un lugar común y gastado, la fuerza principal de la Nueva comedia americana radica en el hecho de querer ver triunfar a los antihéroes protagonistas de los films. Queremos el lugar común y seguro. Esta formula se agotará en algún momento (a lo mejor en el próximo trabajo de Apatow con Adam Sandler) pero estamos bien con ella y nos da gusto ver sus películas.


Pineapple express
Dirigida por David Gordon Green (realizador de cine independiente recordado por Undertow y All the real girl) la película gira en torno a dos hombres adictos a la marihuana involucrados en un asesinato con tintes mafiosos. Por un lado Dale es un empleado municipal adicto a la marihuana que consigue su vicio gracias a Saul, su dealer. Gracias a una trama que mezcla el policial con la comedia Pineapple express consigue desarrollar su historia por medio del magnetismo creado por sus protagonistas. Seth Rogen (habitual colaborador de la factoría Apatow) y un sorprendente James “Harry Osborn” Franco logran tomarse los personajes bien en serio para que la trama fluya correctamente. El film es uno de esos títulos que podrían catalogarse como “dos personas que están en el lugar equivocado en el momento equivocado”.

Acá se cumple la principal regla del cine de Apatow (en este caso como creador de la idea principal y productor del film) y radica en dos personajes marginados. En primera instancia el dealer frente a los ojos de su comprador y luego ambos frente a los demás personajes. Lo interesante es que la amistad propuesta por Apatow entre los dos hombres se presenta como una relación única, que con el paso del tiempo va floreciendo hasta la unión final en el desenlace del film. Hay un tercer personaje que a lo largo de film juega el papel del traidor y que hasta el último momento no se sabe en que bando está realmente. Sin embargo hasta en este caso la amistad entre los hombres parece preferible que la relación entre diferentes sexos (atención al personaje femenino, la novia de Dale).

El film no llega al nivel de perfección como otros exponentes del genero. Tiene varios momentos en que la historia no es tan atractiva como para dejar al publico completamente interesado en lo que se está contando. Su desenlace se alarga innecesariamente y las escenas de acción no están del todo logradas. Sin embargo hay elementos interesantes como para expresar que Pineapple express es un film a seguir que sirve como cadena entre los trabajos anteriores de la factoría Apatow y los que están por venir (la mencionada Funny people con Sandler y The year one con Jack Black).


Role models
Role Models, por otra parte, guarda relación con los films dirigidos, producidos o escritos por Apatow, únicamente por Paul Rudd (que es, además, uno de los guionistas de la película), uno de los dos protagonistas. La historia es simple y hasta ya vista. Dos hombres que trabajan promocionando una bebida energizante en colegios son obligados, luego de un incidente, a ser pupilos de dos jóvenes. Por el lado de los grandes está el mencionado Rudd, un amargado hombre de 35 años que no ha hecho nada interesante en su vida y pasa sus días regañando por cualquier cosa. Para colmo su novia lo deja (uno de los conflictos más comunes en la Nueva comedia americana). Por el otro, Wheeler (Seann William Scott, un peso pesado en la comedia) es el típico jodón. Se acuesta con muchas mujeres y no tiene mayores objetivos en la vida que trabajar de lo que le gusta (vestirse de un minotauro promocionando la bebida).

El film no necesita grandes vueltas de tuercas ni mucho menos un guión perfecto. Role models es el caso típico de la película que con solo sus protagonistas y sus excelentes personajes secundarios, y algunos momentos muy interesantes permiten que todo funcione como una maquina. De Rudd y Scott no se puede decir más que son dos grandes actores cómicos. El aspecto más interesante del film es el entendimiento que los guionistas y el director tienen por los personajes más jovenes. Mencionaba que una de las claves de Superbad era la conexión entre el publico y los protagonistas, ya que estos se sitúan en la conflictiva etapa adolescente. En Role models sucede algo similar.

El personaje de Christopher Mintz-Plasse (el recordado McLovin de Superbad) es un adolescente que, para salir de su conflictiva vida, se junta con amigos y demás personas recreando un mundo ficticio situado en la edad media. Augie vive pensando en este mundo para alejarse de las críticas de sus padres quienes piensan que su pasatiempo es simplemente una estupidez. La creación de este mundo paralelo es de utilidad para que los responsables del film encuentren en esto una salida para los problemas de los adolescentes y el uso y la importancia que tiene. En El mundo mágico de Terabithia sucedía lo mismo. Los dos niños protagonistas se sumergían en otra realidad para escapar de su vida cotidiana. En el final de Role models, lo ficticio contagia los protagonistas absorbiéndolos y plasmando la “actitud” de este universo en la realidad. El happy ending de la película de David Wain es un ejemplo de eso.

Las dos películas expuestas sostienen la evidencia de que una comedia inteligente puede ser más interesante que cualquier otro género. Si bien ambos trabajos no son perfectos, tampoco pretenden serlo. Tampoco tienen el objetivo de ser simples vehículos para que el público se ría y solo pase un buen rato. En los dos films hay detalles interesantes que están escondidos para que el buen espectador sepa interpretarlos. Al igual que sucede en las obras de Pixar, la mayor parte de la Nueva comedia americana tiene muchas capas que esconden un mensaje, que lejos de aleccionar, solo exponen la naturaleza de la vida misma.

martes, 24 de febrero de 2009

Un detalle importante sobre los premios Oscar


El critico Horacio Bernades, en su nota publicada el día de ayer en Pagina 12, expone algunos datos interesantes sobre Slumdog Millionaire y la relación de esta película con la entrega de los Oscar del día domingo. Mucho se habló de la apertura de los premios al mundo entero teniendo en cuenta la diversidad de artistas representantes de otros países que estuvieron nominadas e incluso ganaron. Sin ir más lejos, el film de Boyle realizado en la India, con capitales británicos; el premio a la inglesa Kate Winslet; la coronación de Penelope Cruz a mejor actriz; el documental britanico Man on wire con protagonista francés, etc.

La película ganadora del Oscar, Slumdog Millionaire, es una prueba de que ni Hollywood ni este film están tan abiertos como parecen. Las apariencias engañan. Bernades lo expone de la siguiente manera.

"Porque dónde está lo malo de que –inaugurando tal vez la era Obama en su versión cinematográfica– Hollywood se abra al mundo y no le pida a nadie visa de entrada. Que, al contrario de lo que sucede hasta ahora en las hipervigiladas aduanas de su país, no sólo no se cachee a los migrantes de piel oscura, sino que encima –ejemplo de desprejuicio racial, de integración internacional, de antidiscriminación militante– se los premie, aplauda y vive, como acaba de suceder con varios miembros del equipo creativo de Slumdog Millionaire. No es tan sencillo, hay una trampita: para poder gozar de todos esos beneficios es necesario someterse primero a uno de tres tratamientos posibles. El primero es dar lástima, dándole de comer al monstruo de la corrección política y el samaritanismo imperial. El segundo, actuar de extranjero, reforzando, si es posible hasta la caricatura, los rasgos estereotípicos del folklore nacional. El tercero es el contrario del segundo: se trata de lo que podría denominarse “cipayismo estético”, consistente en borrar toda marca identitaria y mimetizarse con el modelo hegemónico. Que es, por supuesto, el impuesto por Hollywood.
Pero, claro, no hay nada más redituable que ponerse los tres disfraces a la vez. Así lo demuestran Ciudad de Dios (cuádruple nominada en 2004) y, ahora, la triunfal Slumdog Millionaire. Ambas ejercen sin asco la pornografía de la miseria (opción 1) y refuerzan todos los clichés habidos y por haber sobre sus respectivas culturas (opción 2), adoptando las fórmulas propias del cine dominante, tanto en términos dramáticos como narrativos y visuales (opción 3). Con lo cual la aparente apertura se revela como rostro amable de la hegemonía imperial. O académica, si es que lo otro suena demasiado setentista."


La ceremonia no estuvo tan mal como años anteriores. Aunque voy aclarar algo importante: empecé a ver la transmisión desde el momento en que se dieron los primeros premios técnicos. O sea, luego de que Penélope Cruz haya ganado en su rubro. Las tres horas y media que duró el espectáculo (parece que nunca van a poder acortar la duración) fueron un vehículo para que Slumdog Millionaire se quedase con la mayoría de los premios. Estaba con mi hermana viendo como el film de Boyle ganaba todo lo que estuviese a su paso (la premiación al montaje fue algo vergonzoso) y debatía adentro mío si valía la pena seguir viendo la premiación. Obviamente seguí ya que apostaba mis fichas para que Rourke se coronase en su rubro. Al escuchar el nombre de Sean Penn me di por vencido.

lunes, 23 de febrero de 2009

El luchador

No está de más empezar esta crítica mencionando algo que escribió el periodista Luciano Monteaguado en Pagina 12 el día del estreno de El luchador, la nueva película de Darren Aronofsky. Según el crítico, este film marca la resurrección de dos personas: el protagonista (Mickey Rourke) y la de su realizador. La filmografía de Aronofsky cuenta con títulos de resultados fallidos. Su opera prima Pi le permitió rodar la mediocre para luego de varios años dirigir la horrible Requiem para un sueñoLa fuente de la vida. Ahora con El luchador, Aronofsky hace su primera película lograda de su carrera.

El film es el tragico y duro relato de Randy “The Ram” Robinson, una estrella de lucha libre que ha visto días mejores .La interesante secuencia de títulos que da a entender que el pasado de Randy estuvo lleno de gloria, pero que en la actualidad es solamente es fantasma. Una persona respetada por sus colgeas que tiene todavía algunos fieles seguidores y no mucho más. Randy solo hace lo que saber hacer. Y eso es pelear.

Aronofsky plantea la paradoja que surge en torno a la figura de Randy en el cuadrilátero y afuera de el. En uno, en el ambiente donde trabaja, Randy es invencible. Sufre todos los golpes y el siempre termina ganando. Afuera, en el mundo, el protagonista no es más que otra persona a la que la gente no le importa nada. El mismo se encarga de decir esto en una escena cercana al final del film. El trabajo del director y su protagonista logran crear un personaje de fácil acceso para el público. Ver a Randy en la cama solar, haciendo pesas, sufriendo un ataque al corazón o verlo trabajar en una fiambrería acercan más al personaje al espectador que es seducido por la personalidad arrolladora del protagonista. Rourke compone a un león herido, un antihéroe si se quiere.

Al igual que sucede en Rocky (especialmente en Rocky Balboa) el ambiente es otro ser que actúa por su cuenta. Nueva Jersey en este caso es un lugar oscuro, deprimente, en esos que raramente sale el sol. En ese lugar se instalan los personajes de El luchador. Aparte de Randy, también se hace presente Cassidy, una stripper (Marisa Tomei) que busca encontrar una solución en su vida. Capaz este personaje no esté del todo logrado. Sin embargo, El luchador no busca ser un film perfecto.

Hay un aspecto que es clave para entender el film de Aronofsky y ésta radica en que está construido usando el drama genuino que le aplica su director y su actor principal. No busca grandes efectos visuales (como lo hace Slumdog Millionaire) o golpes bajos y sentimentalismos (al igual que sucede en Benjamin Button), el film del director de Pi se alza mediante la construcción de un gran personaje que el espectador nunca abandona. Capaz es ese el principal merito de El luchador. Ser un film duro, realista, pero que con un protagonista difícil de olvidar.

Por momentos algunos pasajes de comedia hacen que el film no sea del todo denso y se concentre en el drama, pero toda la película está reinada por una atmosfera de decadencia manejada por un actor que se lo ve identificado con su personaje. Rourke realiza una actuación consagratoria (capaz la mejor de su carrera). Lo realmente paradójico es que su mejor papel proviene de un personaje que aguanta todos los golpes y derrocha sangre y sin embargo, estas marcas sirven para tapar viejas heridas del pasado del actor de Nueve semanas y media. Los ojos de Rourke son los que expresan el dolor a lo largo del film. Es difícil no emocionarse cuando Randy le dice a su hija que es un hombre solitario y merece estarlo. La interpretación de Rourke, que va desde el gesto mínimo hasta la explosión de su personaje (la escena en la fiambrería es clave), es lo mejor que tiene el film para ofrecer.

Esto no significa que el film de Aronofsky no sea bueno. Todo lo contrario. Es un trabajo consagratorio para el director de Requiem para un sueño. Pero la actuación de Rourke hace que por momentos los ojos del público se concentren en el protagonista, dejando de lado a la película en sí. Que tiene fallas. Se excede por algunos minutos y algunas cosas caen en la obviedad (como el final). Pero, repito, El luchador no es un film que busque ser perfecto. Está alejado de los cánones del cine hollywoodense. Hay planos secuencia extensos y muchos momentos en el que solo Rourke, con su mirada, lo dicen todo.

El luchador es la clásica historia del regreso. Del personaje, del actor, del director. Todos son parte de un proyecto nostálgico que recuerda los buenos momentos pero que siempre miran adelante. Más allá de las mierdas que ofrezca la vida, Randy va a seguir luchando adentro y afuera del cuadrilátero. Claro está que la vida es mucho más dolorosa.




EL LUCHADOR (Estados Unidos, Francia, 2008)
Dirección: Darren Aronofsky.
Interpretes: Mickey Rourke, Marisa Tomei, Evan Rachel Wood, Mark Margolis, Todd Barry.
Guión: Robert D. Siegel.
Producción: Darren Aronofsky y Scott Franklin.
Fotografía: Maryse Alberti.
Montaje: Andrew Weisblum.
Música: Clint Mansell.
Calificación: 8




lunes, 16 de febrero de 2009

Slumdog Millionaire



Aquí está, finalmente se estrena Slumdog millionaire. Que si es buena o mala, si describe la pobreza dignamente o con hipocresía… tanto se ha hablado sobre esta película que la expectativa es enorme. Y más suponiendo que se quedará con los premios principales en los Oscar de estos años (los más devaluados de los últimos años) a menos que la mediocridad de El curioso caso de Benjamin Button le robe la estatuilla en el último tramo. Sin embargo todo indica que no sucederá eso. “The feel good film of the decade” se puede leer en varias críticas sobre Slumdog… ¿Qué sea una película (falsamente) optimista la convierte en una buena película? ¿Es realmente el film del año? Muchas preguntas, demasiadas, surgen a la hora de analizar el film de Boyle.

Pero vayamos analizando de a poco. La historia comienza en Mumbai con Jamal Malik siendo torturado por la cruel policía hindú al ser sospechado de hacer trampa en el popular programa de televisión ¿Quién quiere ser millonario? Picana eléctrica de por medio para hacerlo más dramático. Sin embargo, el policía deja de torturarlo y decide colocar el video del programa para preguntarle a Jamal como hizo para contestar tantas preguntas y estar a una sola de ganar el premio mayor. Boyle comienza a establecer un flashback que vincula cada pregunta con una experiencia en particular a lo largo de la vida de Jamal. Boyle abarca todos los tiempos: la niñez, la adolescencia, y el presente de Jamal por medio de su modus operandi que va a ser exprimido a lo largo de la película.

Hay una historia de amor, claro. Entre Jamal y una joven que conoce desde que son niños. Sucede que un buen día, una pandilla racista ataca el lugar donde vivían Jamal con su hermano y su madre, matando a esta. Desamparados, ambos hermanos y la niña (quien perdió a sus seres queridos también), son presas de un explotador que utiliza a los niños para pedir limosnas. Para conseguir más dinero, los hace ciegos con una cuchara. Una vez que los destinos de la niña Latika (quien terminará siendo la esclava sexual de un gangster) y Jamal se unan luego de separarse, la idea de participar en el show de televisión se convierte en el vehiculo para que ella interprete su amor. Lástima que la relación entre los dos personajes sea absolutamente nula.

El principal problema de Boyle es que ni él ni el guionista Simon Beaufoy son capaces de darse cuenta de que la cantidad de golpes bajos y situaciones degradantes funcionan como un boomerang ya que el hecho de contar una historia y crítica el modo de vida en la India les pega de vuelta haciendo al film un compendio de degradaciones humanas y miserabilísimo. Lo peor de Slumdog millionaire es mostrarnos imágenes terribles de la India pero sin hacer nada al respecto. Desde un cine o un living, alguien ve esta película y dice “es maravillosa, un canto a la vida”. Salen del cine, van a comer afuera pensando que su happy ending los tranquilizará a la noche. Y lo más probable sea así. Ya que Slumdog millionaire es un film tranquilizador, mediocre al fin y al cabo. Que apunta con el dedo lo que está mal y no hace nada al respecto.

No hay fabula ni Dickens en esto. El universo de Dickens no funcionaba de esta manera. Boyle exprime cada sufrimiento al máximo para arrancar lágrimas (al igual que Fincher en Benjamin Button). La carencia de sutilezas afecta al desarrollo del film ya que pasada una hora es difícil seguir el curso de la historia. No por desinterés, sino porque el producto se vuelve previsible y obvio a medida que avanza. Capaz ese es el peor error de Slumdog millionaire, creerse una propuesta original porque está hecha en la India y tiene una historia más o menos atrapante. Pero no es nada más que todo lo que mencioné anteriormente.

Si quieren ver una buena película en los cines vayan a ver Marley y yo o Las horas del verano. Dos exponentes de un cine inteligente donde los pequeños detalles hacen a la película. Donde un plano contiene un significado enorme. En Slumdog millionaire la pobreza es retratada de la manera más cruel posible. Boyle no sabe (o no quiere saber) que cualquier tema puede ser retratado con sutileza, tan fuerte y duro sea. Una escena es clave para entender esto: el joven Jamal se arroja al excremento para conocer a su estrella favorita. Más claro imposible, la gente pobre de la India tiene que pasar por cualquier sufrimiento para tener algo de felicidad. No es que sea desagradable la escena porque hay un chico cubierto de mierda. Es desagradable lo que piensa el film sobre la pobreza en esos países. El poco conocimiento de la pobreza desde adentro, la filosofía, el modo de vida.

Como siempre, y si estamos de paseo por India, visitemos el Taj Mahal. Gracias al director de fotografía (quien hace un buen trabajo, capaz lo mejor de la película) esta escena no es del toda bochornosa. El tipico manual para turistas se hace presente en los varios minutos que dura la escena en donde el protagonista y su hermano se encargan de robar dólares americanos (que servirán para que Jamal responda una pregunta en el programa de televisión, claro). Tampoco ayuda el montaje acelerado de Boyle, ni algunos recursos que parecen ser dignos de un videoclip de MTV que en muchos casos provocan una risa involuntaria.

La experiencia cinematográfica del año no es Slumdog millionaire. Tampoco es la película del año. Es un film mediocre, hipócrita, bienpensante, tranquilizador y puedo seguir con una infinita lista de defectos que tiene este inusual e inepto film que, como van las cosas, se va a quedar con el mayor premio del cine y además mucha gente se rinde a sus pies. Yo todavía no lo entiendo.




SLUMDOG MILLIONAIRE (Estados Unidos, Gran Bretaña, 2008)
Dirección: Danny Boyle.
Interpretes: Dev Patel, Anil Kapoor, Freida Pinto, Azharuddin Mohammed Ismail, Ayush Mahesh Khedekar, Saurabh Shukla, Irrfan Khan.
Guión: Simon Beaufoy basado en la novela de Vikas Swarup.
Producción: Christian Colson.
Fotografía: Anthony Dod Mantle.
Montaje: Chris Dickens.
Música: A. R. Rahman.
Calificación: 2


jueves, 12 de febrero de 2009

¡Sí, señor!



A Jim Carrey nunca hay que darlo por vencido. También sucede, en menor medida, con Adam Sandler, el otro genio de la comedia americana. Carrel, Ferrell, y quien sea, vienen detrás. Los últimos proyectos del actor de Tonto y retonto venían volando bajo, aunque solamente Todopoderoso es la única película catastrófica de su filmografía en esta década. ¡Sí Señor!, dirigida por Peyton Reed (el mismo de la dignísima Abajo el amor y Viviendo con mi ex) es la historia de Carl, un hombre de unos cuarenta que durante sus últimos años rechazó todo en su vida convirtiéndose en un ser solitario y triste. Claro que él no lo sabe. Al ir a un seminario de autoayuda de un pseudo gurú (Terence Stamp) que predica la palabra “sí” a todos sus oyentes, Carl decide comenzar a decir si a todo. Aventurarse y comprender que la vida avanza y él quedó estancado por mucho tiempo.

El resto se sabe. Carrey haciendo locuras: haciendo Bungee jumping, otorgando créditos en su trabajo a cualquier persona, agarrandose a trompadas con un tipo, ayudando desamparados, teniendo relaciones con su anciana vecina, etc. Algo similar ocurría en un tramo de Todopoderoso. El personaje de Carrey obtiene los poderes de Dios y decide arreglar un poco su vida, lo que da pie a varios situaciones simpáticas más que graciosas y no mucho más que eso. La falla principal es esa película era que el guión era tan limitado, previsible y excesivamente obvio que la moralina se veía venir hasta incluso antes de empezar a ver el film. En ¡Sí, señor! el guión es limitado, previsible y obvio, pero la mayor virtud de este film (y que el director Peyton Reed entiende) es la desaforada actuación de Carrey, que por momentos hace que nos olvidemos los errores del material para entretenernos a base de las cosas que bien sabe hacer.

Si el espectador se dirige a ver este film con la intención de pasar un buen rato, no va a salir defraudado. La película se mantiene aún en sus perores momentos a base de pequeños y nobles chistes logrando un espectáculo muy digno. Sin embargo, si los retractores de estos films con moral y lección de vida incluida se lo toman muy en serio, la van a pasar mal en todo momento: la primera hora esperando que llegue el inevitable momento aleccionador, y una vez comenzado hasta que finalice la película.

De todas maneras ¡Sí, señor! no comete los mismos errores que Todopoderoso o Click (otra película horrible). El film se Reed no es tan torpe como los dos casos anteriores. Los personajes secundarios (donde brillan Zooey Deschanel y un inglés loco llamado Ryhs Darby) no son meros decorados en la historia, las situaciones de comedia son más logradas y hasta la moraleja final no es tan densa como se podía esperar. Y Jim Carrey. El genio de Jim Carrey, quien puede hacerse cargo el solo si es necesario de una película como ¡Sí, señor!, aún con sus fallas y todo lo mencionado.

No voy a decir “Dígale sí a ¡Sí señor!” ni nada de eso. Es una película que va a gustar a muchas personas y otras se van a quedar afuera. Yo estoy en el medio. Hasta hay algunas que van a tomar la moraleja usada en el film y van a ponerla en práctica. Y no está nada mal. Si una película llega a hacerte cuestionar la existencia de una persona para reemplazarla por una filosofía diferente, el resultado es muy satisfactorio.



¡SÍ, SEÑOR! (Estados Unidos, 2008)
Dirección: Peyton Reed.
Interpretes: Jim Carrey, Zooey Deschanel, Rhys Darby, Bradley Cooper, John Michael Higgins, Terence Stamp.
Guión: Nicholas Stoller, Jarrad Paul y Andrew Mogel.
Producción: David Heyman y Richard D. Zanuck.
Fotografía: Robert D. Yeoman.
Montaje: Craig Alpert.
Música: Mark Everett y Lyle Workman.
Calificación: 6




martes, 10 de febrero de 2009

Marley y yo



En épocas de películas con discursos solemnes, dramas con innumerables golpes bajos y poca imaginación a la hora de establecer un buen relato, Marley y yo cambia todas las fichas de lugar. Es la primera gran sorpresa del año y la mejor película estrenada hasta el día de la fecha. Si, la del perro con Owen Wilson y Jennifer Aniston. Lo mejor que tiene para ofrecernos este film de David Frankel es que justamente no se trata solo de un perro. Pero vayamos por partes.

La historia comienza con John y Jennifer (los geniales Wilson y Aniston) una pareja recién casada. De la fría Michigan se mudan a Florida donde ambos trabajan en el ambiente periodístico. Cuando Jennifer desliza la idea de tener un hijo, John duda. Un amigo le aconseja comprar un perro para ir adaptándose de a poco a las obligaciones de tener alguien a cuidado suyo. Marley, un labrador que pronto irá creciendo cada vez más, es simplemente un problema. Destructor, inquieto, pero al final de cuentas encantador.

El perro acompañará a la pareja en todo momento. Felices y tristes, como todo buen animal. Estará cuando paseen por la playa y también cuando ambos pierdan la posibilidad de tener un hijo. “A un perro no le importa si sos rico o pobre, listo o torpe, inteligente o tonto, dale su corazón y él te dará el suyo” se escucha decir a Owen Wilson en un momento clave del film. Sin embargo, más allá de que la película esté enfocada en la relación entre un hombre y su perro, la película se aleja de la simple comedia a base del humor slapstick. A medida que el relato avanza, el drama se hace presente. Pero como en todo buen exponente del género, este se suministra de manera sutil, sin golpes bajos, logrando una imitación de la vida.

Una de las grandes escenas del film (que son muchas) es un compendio de escenas barajadas rápidamente que muestra la vida cotidiana de la pareja y su relación con el perro. Lo que hace a la escena interesante es que el director se inclina por exhibir la vida tal cual es: un puñado de recuerdos buenos y malos, anécdotas graciosas y otras no tanto y en el medio tres seres amándose. La película adquiere un tono de comedia para, precisamente, engañar al espectador (de una manera noble) concibiendo la idea de un film que no está hecho para describir las aventuras de un perro travieso y juguetón (como sucedía en la saga del ya lejano Beethoven).

Si el merito de la capacidad dramática del film está compartido entre el director y los guionistas Scott Frank y Don Roos (quienes adaptan la historia del real John Grogan), una de las mayores virtudes de Marley y yo radica en el desfile de personaje. Que no son muchos. Empezando por la pareja principal hasta los mejores secundarios que se podrían haber creado (el amigo de John y el jefe de este, son absolutas revelaciones en sus papeles) demuestran que Hollywood algunas veces puede albergar estas películas. Que son pequeñas, con mucho corazón, que no luchan por los premios de la Academia. Simplemente cuentan una historia con las mejores armas del genero.

Hace un año se estrenaba en Argentina el film El mágico mundo de Terabithia que resultó para los críticos una de las grandes sorpresas del 2008. La película de Gabor Csupo, relataba un cuento fantástico pero en vez del virtuosismo de los grandes efectos que abundan en otros productos infantiles, El mágico mundo… eludía esos excesos para concentrarse en su historia. El resultado es simplemente excelente. En Marley y yo, el director David Frankel le da un giro a los personajes y las situaciones. Utiliza los clichés y lugares comunes y les da un sentido dramático que en otras manos serían traducidos como golpes bajos y demagógicos.

Es eso lo que hace a Marley y yo ser una sorpresa en esta época. Un film inteligente, hecho con amor, sobre una pareja y un perro que los acompaña. Una película sobre la vida misma en la que hay esperanzas y decepciones, momentos buenos y malos, aciertos y desaciertos. En una de las últimas escenas la mano de Owen Wilson, algo avejentado, acaricia a su perro. El plano de la mano sobre la piel del animal muestra mucho más de lo que parece. Hay una Historia, hay un pasado, presente y futuro encerrado en ese plano. Y como dice el crítico Marcos Vieytes: “es el retrato sobre una relación tan habitual como única, tan destinada al olvido como inolvidable". Los temas similares ocurren en la reciente Las horas del verano de Olivier Assayas. No por nada son las dos mejores películas que se estrenaron hasta el día de la fecha. Vayan a ver Marley y yo. Se la banca más que cualquier otro film con múltiples nominaciones al Oscar. Ya saben a cuales me refiero.




MARLEY Y YO (Estados Unidos, 2008)
Dirección: David Frankel.
Interpretes: Owen Wilson, Jennifer Aniston, Eric Dane, Alan Arkin, Kathleen Turner, Nathan Gamble, Haley Bennett.
Guión: Scott Frank y Don Roos.
Producción: Gil Netter, Karen Rosenfelt.
Fotografía: Florian Ballhaus.
Montaje: Mark Livolsi.
Música: Theodore Shapiro.
Calificación: 8



domingo, 8 de febrero de 2009

El curioso caso de Benjamin Button


Una de las películas nominadas en los próximos premios Oscar a llevarse el galardón de Mejor película del año es El curioso caso de Benjamin Button. No la tendrá fácil ya que Slumdog Millionaire del inglés Danny Boyle, según los especialistas, es la gran candidata a llevarse el prestigioso premio. Pero eso es otra historia. Benjamin Button, séptimo largometraje de David Fincher, es la historia de un hombre que nace viejo y a lo largo de los años va rejuveneciéndose. Al poseer un reloj biológico distinto a los demás, el protagonista va decreciendo físicamente pero aumentando en otras condiciones, como las actitudes clásicas de un niño como los caprichos, el hecho de ser curioso o el momento en que se enamora de una joven.

Benjamin Button es un cuento de F. Scott Fitzgerald. Eric Roth, conocido por su guión de Forest Gump, es el encargado de traspasar el mencionado cuento a la pantalla grande. Sin embargo, Roth tiene en su haber interesantes trabajos como El informante, Alí y Munich (las primeras de Michael Mann, la segunda de Steven Spielberg). En El curioso caso… Roth comete los mismos excesos que tenía la Forest Gump. A pesar de contar con una historia más rica en temáticas (el destino, la vida y la muerte, el amor) sucede que el film de Fincher parece ser un calco, por momentos, de la película de Robert Zemeckis.

David Fincher logra crear una puesta en escena interesante y muy lograda, apoyándose en el maquillaje y la fotografía. Sin embargo, este espectáculo de grandes proporciones no logra hacer avanzar el film. La primera media hora, que está utilizada para conocer al protagonista y su increíble fenómeno, está contada con fluidez por parte de Fincher ya que se apoya en la ligereza y por muchos momentos la comedia logrando que el espectador se sienta parte de la historia. El problema comienza cuando el film despega por completo. Button empieza a conocer gente (parte fundamental de la adolescencia) y se embarca en distintas aventuras que lo llevan a trabajar en un barco carguero, estar en la guerra, conocer al amor, etc. Al ser un film de una duración muy excesiva, varios pasajes del film se sienten muy densos, hasta artificiales. Es decir, parecería que el guión no avanza por completo, sino que se detiene en aspectos innecesarios, como las largas secuencias entre Button y el personaje de Tilda Swinton (demostrando una vez más que es una gran actriz). Luego, Benjamin va a la guerra (si, como Gump), ve morir a conocidos (si, también como en Gump) y encuentra al amor de su vida a la que perderá nuevamente (estamos pensando en lo mismo).

A medida que el film transcurre, la historia se siente densa y repetitiva. En especial cuando Button ve que va quedándose solo en el mundo. Justamente, esta actitud pasiva es constante en el protagonista. Nunca se hace mención al curioso caso del personaje. Hay frases hechas sobre la vida y “el aprovechar el momento” pero nunca hechos que demuestren en poder que ejerce esta manifestación sobre la actitud de Button.

El director de Pecados capitales y La habitación del pánico no encuentra la manera de hacer que cada escena no se sienta similar a la anterior. A pesar de contar con varios atractivos (la belleza de Pitt y Blanchett, la puesta en escena correspondiente a cada época, etc.) el film avanza cada vez con menos fuerza. Tampoco ayuda la pomposa voz en off del personaje de Pitt remarcando hechos que ya son bien notorios. Sin lugar a dudas uno de los grandes problemas del cine americano actual es la carencia del “tacto”, de la sobrexplicación, de las historias demagógicas, entre otras fallas. Benjamin Button es un ejemplo claro de esta tendencia americana, como lo es la impresentable El sustituto o la más aún desagradable Slumdog Millionaire. Es más, cuando el film se hace más solemne, más frío es.

El curioso caso… comete capaz el peor pecado de un film: es fría, calculadora, carente de elementos genuinos dramáticos. Es un merito que Fincher cierre la película sin caer en los golpes bajos ni en los excesos. Las últimas escenas están realizadas desde una cierta distancia, indudablemente algo que no tuvo en cuenta Eastwood o Boyle en sus películas. A pesar de esto, El curioso caso… no logra transmitir emoción ni siquiera en la finalización de la historia.

Mucho se ha hablado de la actuación de Brad Pitt. Personalmente le tengo mucho afecto al actor de La gran estafa. A pesar de tener en su filmografías títulos lamentables (Babel, ese bodrio llamado La mexicana, etc.), considero que es un actor interesante que más allá de lo mediático de su persona. Sin embargo, su Benjamin Button es una de sus peores actuaciones. Por momentos llega a un grado tal de inexpresividad que parece un chiste el hecho de que se encuentre nominado al Oscar por su interpretación.

En definitiva, Fincher logra su peor trabajo hasta la fecha. Es una obra impersonal, con un exceso monumental de clichés, situaciones ya vistas, y los peores vicios del cine hollywoodense. Indudablemente una de las grandes decepciones, si tenemos en cuenta que un gran director, un interesante guionista y un actor de la talla de Brad Pitt se encuentran ligados a este proyecto. El curioso caso de Benjamin Button es una oportunidad perdida de hacer una gran película, vapuleada por su duración y su dosis de terrorífica solemnidad.




EL CURIOSO CASO DE BENJAMIN BUTTON (Estados Unidos, 2008)
Dirección: David Fincher.
Interpretes: Brad Pitt, Cate Blanchett, Tilda Swinton, Julia Ormond, Tajari P. Henson, Jason Fleming, Elias Koteas.
Guión: Eric Roth.
Producción: Frank Marshall y Katheleen Kennedy.
Fotografía: Claudio Miranda.
Montaje: Kirk Baxter y Angus Wall.
Música: Alexandre Desplat.
Calificación: 3



martes, 3 de febrero de 2009

Vicky Cristina Barcelona


Luego de filmar durante casi toda su vida en Nueva York, Woody Allen de mudó a Londres. Llegó Match point y obtuvo el éxito de critica y publico que había perdido luego de algunos proyectos poco interesantes (la más rescatable, Ladrones de medio pelo). Más tarde, decepcionó con Scoop y El sueño de Cassandra. Ahora, el último lugar de residencia del director de Annie Hall es Barcelona.

Vicky Cristina Barcelona, justamente, transcurre en tierras españolas. Dos amigas, Vicky y Cristina, visitan Barcelona con distintos motivos: la primera (Rebecca Hall) desea investigar la cultura catalana para confeccionar una tesis, mientras que la segunda (Scarlett Johansson) acompaña a su amiga sin mayores pretensiones que divertirse en las tierras extranjeras. El carácter de ambas son bien diferentes y más aún en lo que amor respecta. Una vez instaladas allí, conocerán a un apuesto caballero de nombre Juan Antonio (Javier Bardem). Tarde o temprano, ambas establecerán una conexión con el aunque de maneras diferentes, acorde a la manera de ser de cada una.

El último film del director de Manhattan se puede dividir en dos notorios segmentos. El primero desde el comienzo de la historia hasta la llegada de la ex esposa de Juan Antonio (Penelope Cruz), y el segundo desde esa aparición hasta el final de la película. Ciertamente este personaje cambia todas las fichas de lugar pero el resultado no resulta tan satisfactorio.

La primera mitad del film tiene como protagonistas a los personajes de Hall, Johansson y Bardem. La trama avanza segura cuando exhibe las distintas actitudes de las dos mujeres y el papel del hombre en el medio de ellas. Allen se toma el trabajo se crear un Juego de diferencias entre diferentes aspectos de los protagonistas. Diferencias entre las dos amigas, entre Juan Antonio y el novio de Vicky, entre la relación del personaje de Bardem con cada una de las mujeres, etc. Apoyado por una inusual voz en off que relata todo lo que ocurre y lo que piensan los personajes, la historia se mantiene segura (sin ser una genialidad) hasta los primeros 45 minutos con la mencionada llegada del personaje de Cruz.

Si bien es un personaje que le dota cierta gracia a una historia que no tiene grandes dosis de comedia, María Elena produce un quiebre en la historia que se concentra por momentos en Vicky y otras veces en Cristina. Esto produce que la historia de ambas, por separado, no tenga un peso por si mismo. Menos aún cuando el relato se vuelve más convencional y más previsible en especial alrededor de Cristina, Juan Antonio y María Elena. Por si fuese poco, a esto se le suma otro personaje poco convincente interpretado por la siempre eficaz Patricia Clarkson, quien pretende cambiar la vida de Vicky. Y a esta altura, la película ya no es la misma que lo era al comienzo.

La poca interesante segunda mitad hace que Vicky Cristina Barcelona sea otro pequeño fracaso en la carrera de Allen. Los devotos del director de Manhattan van a celebrar esta película pero el resultado final no es satisfactorio. Y esto es porque Woody no sabe que hacer con su propio material, exprime sus personajes tornándolos comunes y hasta insípidos. ¿Y qué pasa con la Johansson? Sabemos que su belleza es descomunal pero desde hace varios films (desde Match point para ser más exactos) viene repitiendo su papel de “mujer fatal” y sus actuaciones son meramente correctas.

En resumen, Vicky Cristina Barcelona es una chance desperdiciada de nuevo por Woody, que como de costumbre, tiene una película ya completa para presentar en este mismo año. La novedad es que el realizador vuelve a su Nueva York natal luego de sus vacaciones por Europa. Esperemos que el retorno traiga buenas películas como las que sabía dirigir.




VICKY CRISTINA BARCELONA (Estados Unidos, España, 2008)
Dirección: Woody Allen.
Interpretes: Rebecca Hall, Scarlett Johansson, Javier Bardem, Penelope Cruz, Patricia Clarkson, Chris Messina, Kevin Dunn.
Guión: Woody Allen.
Producción: Letty Aronson, Stephen Tenenbaum, Gareth Wiley.
Fotografía: Javier Aguirresarobe.
Montaje: Alisa Lepselter.
Calificación:
5