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sábado, 11 de abril de 2009

Aquiles y la tortuga

Takeshi Kitano, el director de Flores de fuego, se introduce en las Paradojas de Zenón para explicar el porqué de su nuevo film. Una de las paradojas más famosas es la que tiene lugar en la carrera entre Aquiles y una tortuga. Si la tortuga comienza la carrera con una ventaja otorgada por el mismo Aquiles, quien conciente de sus habilidades, sabe que va a alcanzar inevitablemente a su competidor. Cuando comienza la carrera Aquiles se ubica rápidamente en el lugar donde estaba la tortuga pero esta ya no se encuentra allí ya que ha avanzado. Aquiles vuelve a correr para alcanzarla pero esta nuevamente ha seguido el camino y ya no se encuentra más en el lugar donde estaba anteriormente. De esta manera Aquiles nunca podrá alcanzar a su competidor.

Kitano utiliza de esta manera la popular paradoja para retratar la historia de un artista sin talento pero con mucho amor por el arte a lo largo de toda su vida. Kitano opta la narración más clásica y, de forma lineal, plasma la vida de este personaje desde su niñez hasta el momento de mayor madurez.

Se establece entre el artista y la época en que habita una conexión con el momento artístico de cada tiempo. De niño, Machisu retrata en el lienzo los diferentes objetos que están presentes en su vida diaria, desde animales hasta colectivos. Una vez adolescente, su estilo no mejora y con la ayuda de las clases en una Escuela de arte empieza a copiar a diferentes artistas. Sin tener una identidad propia en su diseño (el personaje copia a Miró, Warhol, Pollock e incluso a Basquiat), llega la madurez en la que va a luchar para conseguir la aceptación.

Aquiles y la tortuga es un film sobre y el arte y los artistas. La concepción del arte por parte de Kitano se ajusta a la caracterización de los artistas que desfilan en su película. Vemos como muchos personajes pasan sus horas logrando obras con distintos propósitos y con diversas miradas sobre el papel del arte. En la sociedad, en el mundo artístico y por último dentro del mismo artista. El papel del protagonista en la historia es ejemplar en ese sentido: Machisu es apoyado por sus propios deseos de avanzar como pintor y luego es apoyado por su esposa. No le importa si su hija su avergüenza de sus extravagantes métodos como tampoco si tiene que estar casi muerto para pintar algo interesante. Machisu es un ser perseverante pero inútil a lo largo del film. No es el primer caso de un personaje sin talento pero que demuestra ser un enamorado del arte. Ed Wood es similar en ese sentido, pero esa es otra historia. La verdad, o la realidad, es algo que Kitano expone también en relación con el artista. El realizador japonés parece decir que el artista debe afrontar lo real y ver como sus sueños a veces no son cumplidos.

Ahí es donde la fabula de Aquiles y su tortuga cobra mayor protagonismo. Machisu está persiguiendo algo que parece ser inalcanzable y que hasta el final va a terminar atormentándolo. El éxito proveniente del arte según Kitano es algo que está siempre adelantado y que el artista puede o no alcanzar. El éxito es relativo ya que, como muchos personajes expuestos en el film, el propósito de este objetivo tiene diferentes variables.

Si en la primera parte del film Kitano opta por una narración clásica que se apoya en una gran fotografía y momentos de humor bien utilizados, en la segunda parte estas virtudes son llevadas al extremo. Los intentos de Machisu por lograr una gran obra de arte son lisa y llanamente bizarros. Enumerar y describir los momentos sería arruinar la sorpresa a quien no ha visto todavía el film. Es también en su segunda mitad donde los personajes son todavía más queribles. La mirada de Machisu interpretada por Kitano es absolutamente tierna y, de alguna manera, seductora. La conexión entre espectador y personaje, como en toda buena película, es constante y se vuelve más intensa. Al igual que el film, que va adquiriendo un tono más oscuro pero por momentos divertido.

Divertida y profunda, por momentos seria y por otros disparatada. En Aquiles y la tortuga abundan seres extraños y situaciones bizarras: desde niños deteniendo trenes para dibujar hasta personas con baldes de pintura chocando contra lienzos. La hermosa locura de Kitano choca de frente a los espectadores. A pesar de haber un nivel de demencia exagerado (que se encuentra lejos de ser un defecto propio del film) Aquiles y la tortuga es una película sutil y poética.

Ser exitoso no tiene nada que ver con ser talentoso. Eso dice en un momento un personaje en el film y s lo que Kitano nos pretende decir del arte y el mundo artístico actual. Kitano deja en nosotros mismos la interpretación de esto. Kitano mencionó que está película es sobre “el cruel mundo del arte” y que “el arte y los artistas están sobrevalorados”. Machisu se encuentra entonces frente a un monstruo enorme que es el universo artístico .En un mundo donde el éxito abunda pero en talento escasea, el Machisu de Kitano corre detrás del éxito aunque también podría interpretarse que el protagonista esté persiguiendo nada más ni nada menos que su identidad artística y talento.



5 comentarios:

Mahmood Syedfaheem dijo...

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faraway dijo...

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Luciano dijo...

Esto ya es cualquiera!

Melooo dijo...

che conchu, te llamé para tu cumple
vale aparecer! en qqq andassss??

Alejandro the Kitsune-san dijo...

he visto poco de kitano, pero lo que vi me gusto mucho

me gusto mucho tu blog, las criticas sobre todo, algunas coincidimos y otras no,

saludos