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sábado, 19 de febrero de 2011

El discurso del rey, de Tom Hooper

El camino parecía completamente allanado para que Red social se alce con el mayor premio de la Academia en la última entrega de los Oscar. Sin embargo, semanas antes de finales de febrero, la aparición poderosa de El discurso del rey significó para el film de David Fincher nada más que llevarse las manos casi vacías. A pesar de ganar un premio al mejor guión (merecido consuelo para Aaron Sorkin), Red social compitió con una película que va más allá de la calidad cinematográfica. El discurso del rey se amolda a los cánones de los votantes de la Academia (tengamos en cuenta que en promedio superan los 50 años) dejando a la moderna visión de Fincher y Sorkin sobre el origen de Facebook y su conexión con las relaciones sociales de este siglo sin oportunidades a la hora del premio a la Mejor película. La verdadera sorpresa de la noche en los Oscar (premios cada vez más obvios que sin embargo cuando sorprende, usualmente, es para mal) fue la distinción como mejor director al ignoto Tom Hooper, que con mucha experiencia en televisión pero nada en cine, se alzó con el Oscar arrebatándoselo a Fincher. Injusticias que suceden en los premios más importantes... ¿Por qué surgió un cambio tan repentino en la elección de la favorita para los Oscar en tan poco tiempo? Más allá de considerar el lobby que realizan los productores del film, los famosos y controversiales Harry y Bob Weinstein, El discurso del rey es una película que se asemeja a otras que estuvieron nominadas al Oscar en años anteriores. La película de Hooper es tan correcta que no puede caer mal, a menos que se tengan en cuenta y se consideren negativos los elementos que la hacen tan accesible a todo el público.

El discurso del rey es una película que remite a una serie de films en los cuales la suma de sus numerosos elementos relacionados de forma directa con su puesta en escena concluyen en un consenso global. Esta suma se establece en el conjunto de actuaciones, dirección, ambientación, música y otros elementos que el público considera solo en estos casos en donde todo está muy expuesto. Esto no quiere decir otra cosa que la puesta en escena termina siendo transparente al espectador tanto de manera visual como narrativamente. En las películas correctas, que cuentan con el consenso de público y cierto sector de la crítica, se disfruta de dichos elementos que forman parte del film que no hace otra cosa que aproximar al espectador a la película en sí.

La historia se fue conociendo de manera gradual a medida que la película de Hopper fue cosechando nominaciones y el boca a boca del público hizo el resto. Bertie (gran trabajo de Colin Firth) es el hijo menor del rey Jorge V (participación de Michael Gambon) quien desde chico lucha contra una tartamudez que se acrecienta en momentos de mucha tensión. Luego de la muerte de su padre, el hijo mayor (Guy Pearse) toma el control del reinado, pero su falta de compromiso y la manipulación de su amante americana hacen que el poder quede en manos de Bertie. Obviamente que la elección en un principio no es la mejor pero surge de manera inevitable. Con la ayuda de su esposa (medida actuación de Helena Bohnam Carter) y un actor devenido en doctor especializado en los problemas del habla (Geoffrey Rush) ayudaran a Bertie a superar su problema y recuperar la confianza para darle el apoyo a su pueblo en los albores de la Segunda guerra mundial y con Hitler como principal amenaza.

La explicación de la trama sirve en este caso para concretar algunos puntos que en el desarrollo de la historia hacen que el film obtenga la aprobación del público. Como si se tratase de acercar al público a la realeza británica, El discurso del rey plantea una cuestión que le sucede a nada menos que al rey de Inglaterra y no a una persona alejada de la realeza. Esta aproximación de dos estados sociales y políticos opuestos, logra que el público se sienta atraído por la curiosidad, un gancho, de una historia que toca los nervios más íntimos del reinado de Inglaterra en su historia. La paradoja es que el film está construido a partir de una visión inofensiva sobre el poder político y social de la Inglaterra de los años 30. En ese sentido, El discurso del rey se encuentra bien alejado de una película como La reina, que poseía elementos satíricos y muy sutiles que claramente no se aprecian en el film de Hooper. La mirada cruda que se podría haber realizado sobre la realeza, la aparición del nazismo, los personajes históricos como Churchill o la posición dominante de la Iglesia quedan relegados a un segundo plano que casi no tiene un peso en la historia. Por ejemplo: en un momento, el arzobispo (Derek Jacobi) amenaza con reemplazar al personaje de Rush por una persona con credenciales que realmente sea doctor. En dicha escena se podría haber construido una crítica fuerte al poder de la Iglesia sobre la realeza y como siempre el poder eclesiástico estuvo al acecho desde las sombras. Todo esto es desechado por Hooper mostrando al personaje de Jacobi como una simple amenaza relacionada con el trabajo que realiza el actor/doctor y no mucho más que eso.

Los méritos que el film puede obtener derivan más de un análisis de la puesta en escena y cierto suspenso generado sobre el final de la película que a otros elementos. Está todo tan bien construido y tan bien llevado que se encuentra irreprochable a nivel técnico o artístico, pero al mismo tiempo se percibe que el film seguramente tiene un destino de clásico de la TV por cable dentro de un par de años (como Shakespeare apasionado, Sensatez y sentimientos, Lo que el queda del día) que de una obra que cambiará la manera de hacer cine. Salvo por la interesante secuencia sobre el final en la cual se justifica el título de la película en donde Hooper crea el mencionado y logrado suspenso alrededor de la misión que debe llevar a cabo el flamante rey, no hay un registro fílmico en la dirección que merezca demasiada atención. El discurso del rey es así: tan rigurosamente ejecutada, tan inocente, tan simpática, carente de hallazgos que necesiten de un reconocimiento, que permite apreciar como algunas películas ganan premios gracias al envoltorio y no precisamente por su contenido. En esta abulia es donde sale a relucir el mediocre trabajo de Hooper, director muy apegado a películas para televisión y en especial series y mini series muy prolijas donde la exaltación de la puesta en escena termina jugando en contra, ya que adquiere una frialdad que con otro director no se percibiría.

No hay decepción ni una excitación extrema, sino un estado de que vimos algo bien realizado, que da placer apreciar su ejecución y no mucho más. Claro, es más digno un film fallido pero que arriesga bastante y no uno que apuesta poco y naturalmente gana un poco más de lo que puso sobre la mesa. Eso es El discurso del rey. Tómenlo o déjenlo.


EL DISCURSO DEL REY (Reino Unido, Australia, Estados Unidos, 2010)
Dirección: Tom Hooper.
Interpretes: Colin Firth, Helena Bonham Carter, Geoffrey Rush, Derek Jacobi, Michael Gambon, Guy Pearce, Eve Best, Timothy Spall.
Guión: David Seidler.
Producción: Iain Canning y Emile Sherman.
Fotografía: Danny Cohen.
Montaje: Tariq Anwar.
Música: Alexandre Desplat.
Calificación: 6


Me pongo al día con algunas películas: Enredados, de Byron Howard y Nathan Greno

Que es el estudio de animación más importante de la historia, nadie lo puede cuestionar. Disney, a lo largo de los años ha entregado decenas de películas, sean de animación o protagonizadas por actores de carne y hueso (siendo, en estos últimos años, más rentables que la producción y realización de "dibujos animados"). Durante la década del 2000 (o si se quiere, un poco antes) el estudio Disney sufrió una considerable caída en lo que refiere a la realización de películas de animación. Las historias, que antes lograban resultados exitosos en taquilla y crítica (la nominación al Oscar de La bella y la bestia, como momento cumbre de la empresa), fueron derivando en cansancio, tedio, monotonía. Hay que mencionar que no estamos considerando a las películas realizadas por Pixar, ya que estas no pertenecen exclusivamente a la productora del conejo Mickey. Luego de, para quien escribe, El jorobado de Notre Dame, Disney no presentó ninguna película que esté a la altura de sus clásicos. Teniendo en cuenta que films como Lilo y Stich, Las locuras del Emperador, Mulan, consiguieron aproximarse a la esencia de los clásicos de la empresa, no fueron suficientes para que en Disney haya un recambio en la dirección creativa. El puesto que ocupa desde hace cuatro años John Lasseter (creador de Pixar y director de Toy Story, Toy Story 2, Cars) empieza a dar sus frutos y el ejemplo más claro de esta renovación se encuentra en el último film de la compañía, que tiene como título Enredados.

El paso del tiempo no fue bueno con algunos films de Disney. Los más flojos fueron rápidamente olvidados (Vacas vaqueras, La isla del tesoro) y los intentos por darle mas vida y frescura a ciertos proyectos fracasaron estrepitosamente (dicen las malas lenguas que John Lasseter, luego de ver Chicken Little, preguntó si eso era la solución para los problemas creativos que sufría la empresa) mientras la sombra de los clásicos se agigantaba cada vez más y la competencia crecía con películas como Shrek (film esencial en la animación de los últimos diez años), La era del hielo, Madagascar y Kung Fu Panda. Al menos Disney podía exhibir orgullosamente las gemas de Pixar y no morder por completo el polvo de la derrota. Mencionaba a Shrek como esencial en el desarrollo de la animación de esta década. Esto se debe, básicamente, a que Shrek llegó para terminar con los clichés con los que Disney tropezaba con cada película. En vez del orden y cierto conservadurismo en algunos films, Shrek era puro descontrol, haciéndole muy bien al cine de animación (no vamos a hablar de sus secuelas, que poco tienen que aportar). Durante el 2008, Disney produce Encantada, película que, siguiendo la línea de Shrek, toma elementos fantásticos, situaciones de cuentos de hadas, para hacer un homenaje y al mismo tiempo parodia de estos clichés.


Enredados sigue esta línea pero resulta más lograda, incluso que la propia Shrek, por varias razones. Por un lado, el film de los directores Byron Howard y Nathan Greno, cuenta la clásica historia de Rapunzel de los hermanos Grimm., una princesa con una larga cabellera con poderes fantásticos que es encerrada en una torre. A partir de esta historia, se van agregando elementos que parodian al relato y a su vez elevan el mismo a otros niveles. La suma de personajes como el ladrón pícaro y contraparte romántica de Rapunzel, un corcel con actitudes de perro, una interesante villana y otros geniales personajes secundarios, son utilizados por los directores como elementos para cubrir todos los flancos por los que el film podría venirse abajo. Esto quiere decir que la trama principal se conecta con las subtramas para lograr un equilibrio excelente en la narrativa. Por momentos suceden muchas cosas en Enredados, y el placer es infinito. Hay en el film la imaginación, la gracia, el timing, para ser considerado un clásico inmediato. Como si fuera poco, se explotan muy bien los pasajes de comedia, los momentos musicales, y emocionan hasta las lagrimas ciertas escenas con una inmensa carga dramática.

El secreto de Enredados es a su vez, la solución a los defectos que se le veía comúnmente en algunas de las películas de animación de Disney. No hay una eliminación de la tradición de la compañía, sino una conexión de este clasicismo con la modernidad que el público pide en esta época. Byron Howard y Nathan Greno eliminan ciertos momentos cursis, gastados, poco interesantes de los clásicos y los suplantan por ritmo y frescura, traducido en personajes, canciones, escenas, y la narrativa tan tradicional del cine norteamericano como efectiva del cine actual. Se encuentra presente, entonces, la deformación de la novela original dotándole ciertos elementos que llevan la historia siempre para adelante, con un ritmo envidiable y escenas muy logradas. Entre ellas, la exaltación del musical como medio para establecer una historia de manera tan precisa como necesaria. Es más, estas canciones (compuestas por el mítico Alan Menken) resultan tan clásicas y tradicionales con respecto a los mejores momentos de la historia de la compañía que crea en el espectador la sensación de la nostalgia con la frescura que aportan los directores al relato. Si Enredados fuese una maquina, funcionaría de manera fenomenal.

Si en los films de Disney (tanto los mejores como los peores) la estructura era siempre similar, con sus musicales, personajes, situaciones y conflictos internos de los protagonistas, en Enredados se elimina lo conocido para llevar cada componente a un objetivo claro: la combinación de estos al servicio de la optimización del relato. En ese sentido, cada personaje guarda una tan firme relación con respecto a los demás y a la historia que parece que nunca hay un "bajón" en el relato. Es más, la cantidad de subtramas (la del ladrón, de sus perseguidores, la búsqueda de la eterna juventud por parte de la villana de turno, la relación entre los protagonistas) no deja caer la historia en el desgano por parte del espectador. Es en ese sentido Enredados, perfecta en su narrativa. Uno detalle no menor es la eliminación de todo destello de sermones, ya conocidos de memoria a lo largo de las múltiples películas que se han visto. Los minutos son exactos como pocas veces se ha visto en una película.

Como la gran mayoría de las películas mainstream que se estrenan, Enredados puede ser apreciada en 3D. Desde el comienzo del 2010 que una película no justificaba tanto ese recurso como la película de Howard y Greno, quienes utilizan la tercera dimensión para la introducción del espectador en la historia y no para arrojar al espectador todo lo que se tenga a mano. Por esta razón, el hecho de que la larga cabellera de Rapulzel parezca salir de la pantalla, no se establece como un regocijo visual, sino más bien como una introducción a un elemento clave de la historia. Hasta este punto esta pensada Enredados, película tan atemporal como universal.



ENREDADOS (Estados Unidos, 2010)
Dirección: Byron Howard y Nathan Greno.
Con las voces de: Mandy Moore, Zachary Levi, Donna Murphy, Ron Perlman, M.C. Gainey, Jeffrey Tambor, Brad Garrett, Paul F. Tompkins, Richard Kiel.
Guión: Dan Fogelman basado en el cuento de Jacob y Wilhelm Grimm.
Producción: Roy Conli.
Montaje: Tim Mertens.
Música: Alan Menken.
Calificación: 9

El cisne negro, de Darren Aronofsky


Muy de vez en cuando hay películas que nos superan. Que forman y hacen que formemos parte de un mundo completamente desconocido. Hay casos en los que se puede tener una idea de tal mundo pero en los cuales la película en si logran crear una puesta en escena que supera a nuestro conocimiento. Y la mejor manera de crear este universo es aplicando ciertos elementos que transcienden la lógica impactando de lleno con los lugares comunes de este mundo que, a menudo conocemos y otras veces nos es ajeno. Sin embargo, la inclusión de estos elementos que parecerían alejar al espectador de la pertenencia a un determinado universo, permiten la creación, desde la estructura que se desee montar, de una especie de submundo particular. Este es el camino que Darren Aronofsky decide tomar para encarar su nuevo film, El cisne negro.

Aronofsky no tenía hasta la fecha una película que sobresalga de la mediocridad. Es cierto que El luchador es una interesante película, pero la verdadera fuerza de ese film provenía directamente de la interpretación protagónica de Mickey Rourke. La gran actuación del actor de Nueve semanas y media era más grande que el film mismo. Tengamos en cuenta que El luchador era la historia de un hombre a la deriva, que a lo largo de los años y después de ciertas decisiones equivocadas lo habían alejado del contacto con otras personas. Solo en su profesión de luchador de lucha libre encontraba un significado de su vida. La marginación de este personaje, unido sabiamente a la historia personal de Rourke, encontraba cierto coctel de nostalgia y entendimiento con respecto al actor/personaje. L luchador es más una película de y sobre Rourke que de Aronofsky. El resto de los films del realizador rayan tanto la mediocridad y el mal gusto, como lo son Requiem para un sueño y La fuente de la vida. Con El cisne negro, Aronofsky no solo cambia completamente de registro en cuanto a un destello visual de La fuente de la vida y opta por la eliminación de los golpes bajos propios de Requiem para un sueño (ya de por si ese título, es terriblemente sobreexplicativo).

Es cierto que El cisne negro está bastante lejos de ser una gran película: comete algunos errores, por momentos puede ser algo obvia en sus metáforas, y quedar al borde del pastiche. Sin embargo, como se mencionaba en el primer párrafo, ciertos elementos potencian su calidad y la alejan de ser un producto prefabricado y digno de esta temporada. El cisne negro comienza mostrando un escenario a oscuras mientras Nina Sayers (Natalie Portman en la mejor actuación de su carrera) baila una parte de El lago de los cisnes. Nina, en medio de la oscuridad, parece bailar dentro de si misma, de su conciencia, que se encuentra al filo de las tinieblas. Este personaje es diferente a cualquier otro que se encuentre en la filmografía del director de Pi (lo que dice mucha acerca del rumbo inconsistente e inseguro de su realizador).

Nina forma parte de un grupo de danza del Lincoln Center de Manhattan. El director, Thomas Leroy (Vincent Cassel), idea la realización de una nueva versión de El lago de los cisnes, despertando la obsesión de Nina, quien pretende no solo ser el cisne blanco (dulce, tierna, frágil) sino también su contraparte en la pieza, el cisne negro. Nina parece ideal para interpretar a El cisne blanco ya que su vida parece amoldarse al personaje del ballet. Aniñada, casi al borde de ser una adolescente que todavía juega con muñecas (como se puede vislumbrar al ver su habitación repleta de peluches), frágil, sobreprotegida por su madre (Barbara Hershey), Nina es, desde el momento en que desea los dos papeles, su propia enemiga. La llegada de una bailarina (genial y poderosa interpretación de Mila Kunis, quien ganó como Mejor actriz en Venecia) parece empeorar las cosas para Nina, quien va cayendo en un espiral de locura y obsesión por llegar a la perfección que solo el cisne negro puede ofrecerle.

Es en el momento en que Nina observa que su realidad comienza a trastornarse en donde El cisne negro comienza el descenso a los infiernos de la mente de Nina. Y es ahí mismo donde el film, que hasta ahí utilizaba el mundo de la danza de manera banal y previsiblemente (como demuestran las rivalidades entre las bailarinas), aborda su metamorfosis en algo más abstracto e ilógico. Uno de los aciertos de Aronofsky es el de unir a la protagonista con la película en si. Nina comienza a sufrir transformaciones en su cuerpo y mente, como también el film empieza a recorrer terrenos misteriosos. Por eso no es incorrecto decir que la mirada que propone el film de Aronofsky, no solo es la de Nina, sino la del propio espectador que ve tanto una descomposición de la protagonista como de la historia y el universo del que forma parte.

Aronofsky toma el mundo de la danza para ir agregando elementos e inclusiones y tópicos de diversos géneros utilizados en la deformación su propio film. Si la historia avanza en un principio con el objetivo de relatar las desventuras de Nina por obtener los dos papeles, esto rápidamente se ve afectado por múltiples toques pertenecientes a diversos géneros. Y otra vez surge lo que se mencionaba anteriormente: la deformación de la carne en Nina es simétrica con respecto a la podredumbre del film. Lo que hace el director es simplemente no hacer de su película, una historia que recorra una línea recta sino que se vaya deformando a golpes para terminar en algo mucho más amorfo si se quieren, en lo cual nunca se sabe que camino va a tomar. Por momentos la película parece tener como puntos de contacto inmediatos a Momento de decisión, por otras a un estilo ya visto en El club de la pelea, en muchos otros a Las zapatillas rojas (obra cumbre de la historia del cine), en la personalidad de Nina parece haber varias similitudes con el personaje de Denueve en Repulsión, la madre sobreprotectora que compone Barbara Hershey parece encontrar un nexo con la madre de Carrie, y por partes el film en si recuerda a algunos títulos de David Cronenberg. El cisne negro es una película que, justamente, a Cronenberg le hubiese interesado filmar, ya que guarda relación con la temática que recorre su filmografía: la descomposición de la carne, el cuerpo que recubre lo oculto, la violencia, y lo sexual como medio de la verdadera liberación son temas que se encuentran en El cisne negro. Si se observa la degradación de un cuerpo como el de Nina también se vislumbra que su mente se empieza a retorcer hasta niveles de autoflagelacion.

En los primeros minutos de la película, Leroy le ruega a Nina que si quiere ser El cisne negro tiene que soltarse, llenarse de pasión, seducir, sentir... objetivo que Nina no cumple. La sobreprotección de su madre y su estilo casi naif atentan contra la unión de la joven con el oscuro personaje de la obra. Algo similar ocurre con la película de Aronofsky ya que por momentos (otra vez surge la cuestión de qué punto de vista tiene el film) es demasiado estancada, rígida, explicativa, obvia en sus ideas con respecto a la personalidad de Nina (los reflejos y la contante idea de los espejos y las dos caras, resultan ser elementos tan obvios como repetidos). Sin embargo, como lo exige una gran interpretación de el cisne negro, el film en muchos momentos seduce, encanta, divierte, desborda pasión y locura. Es cierto que a algunas personas no les gustará el golpe de timón pseudo fantástico que realiza Aronofsky, pero corresponde con la naturaleza del film. En el cine hay algo hermoso que se da en pocos casos y El cisne negro lo tiene: en primer lugar la conexión del universo, la totalidad de la película, con sus personajes, que son en definitiva partes de un mismo todo; y en segundo lugar, la desesperada, hermosa, consciente locura que se le puede dar a un film (si corresponde hacerlo). Cuando El cisne negro (la película) se suelta seduce y logra el suspenso. Suspenso no como género (que además lo tiene) sino en pensar que va a suceder en la próxima escena, ya que por momentos no se sabe que camino tomará Aronofsky con su historia. Cuando pretende ser más controlada, tomando con seriedad las múltiples visiones de Nina y todo el entorno en el que se encuentra, la película pierde bastante de su verdadera esencia. Curiosamente, son estos momentos menos logrados los que se encuentran al borde de una tragedia cinematográfica y no los otros donde se exalta de manera tan hermosa y emocionante la locura de la protagonista.

A veces se encuentran ciertas películas que nos llevan a experimentar un nuevo mundo, a ser parte de algo que no conocemos. El camino para el espectador es elegirlo o rechazar la oferta que se presenta. Cuando a veces se escucha la expresión de "es cualquier cosa" es porque hay un film que propuso un universo particular y ese espectador decidió no aceptarlo. El cisne negro chupa al espectador que decida involucrarse en la locura de Nina y el que no quiera ser parte de este universo se verá alejado y cuestionará los elementos fantásticos que se presenten a lo largo del film. Realmente, hay que ver para creer ciertas cosas que suceden en El cisne negro.

En este sentido, Aronofsky parece no tener miedo y va a 300 por hora. Las películas que no tienen miedo de estrellarse contra la pared son las más honestas, más disfrutables, más pasionales. El director de Pi crea una película visceral, demente, seductora, que raya el papelon pero que sale triunfante cuando no se sabe que va a suceder con la protagonista. Gira, gira, gira, eso es lo que la película hace todo el tiempo. Cuando vemos que nada más puede suceder, un cuerpo en el piso. Alguien lo esconde en una puerta. De repente hay suspenso, hay emoción, pasión por lo desconocido, apetito por la destrucción. Allá está El discurso del rey si quieren ver algo correcto, tan simple que elimina todas las lecturas que se le pueden hacer al film. Allá se encuentran los Coen, carentes de pasión por cualquier cosa. Por eso mismo, aplaudan de pie: Aronofsky no hizo una gran película, está bien, pero sigue girando y a esta altura verdaderamente a quién le importa.



EL CISNE NEGRO (Estados Unidos, 2010)

Dirección: Darren Aronofski.

Interpretes: Natalie Portman, Mila Kunis, Vincent Cassel, Barbara Hershey, Winona Ryder, Benjamin Millepied.

Guión: John J. McLaughlin, Andres Heinz y Mark Heyman.

Producción: Mike Medavoy, Arnold Messer y Brian Oliver.

Fotografía: Matthew Libatique.

Montaje: Andrew Weisblum.

Música: Clint Mansell.

Calificación: 7