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sábado, 19 de febrero de 2011

El cisne negro, de Darren Aronofsky


Muy de vez en cuando hay películas que nos superan. Que forman y hacen que formemos parte de un mundo completamente desconocido. Hay casos en los que se puede tener una idea de tal mundo pero en los cuales la película en si logran crear una puesta en escena que supera a nuestro conocimiento. Y la mejor manera de crear este universo es aplicando ciertos elementos que transcienden la lógica impactando de lleno con los lugares comunes de este mundo que, a menudo conocemos y otras veces nos es ajeno. Sin embargo, la inclusión de estos elementos que parecerían alejar al espectador de la pertenencia a un determinado universo, permiten la creación, desde la estructura que se desee montar, de una especie de submundo particular. Este es el camino que Darren Aronofsky decide tomar para encarar su nuevo film, El cisne negro.

Aronofsky no tenía hasta la fecha una película que sobresalga de la mediocridad. Es cierto que El luchador es una interesante película, pero la verdadera fuerza de ese film provenía directamente de la interpretación protagónica de Mickey Rourke. La gran actuación del actor de Nueve semanas y media era más grande que el film mismo. Tengamos en cuenta que El luchador era la historia de un hombre a la deriva, que a lo largo de los años y después de ciertas decisiones equivocadas lo habían alejado del contacto con otras personas. Solo en su profesión de luchador de lucha libre encontraba un significado de su vida. La marginación de este personaje, unido sabiamente a la historia personal de Rourke, encontraba cierto coctel de nostalgia y entendimiento con respecto al actor/personaje. L luchador es más una película de y sobre Rourke que de Aronofsky. El resto de los films del realizador rayan tanto la mediocridad y el mal gusto, como lo son Requiem para un sueño y La fuente de la vida. Con El cisne negro, Aronofsky no solo cambia completamente de registro en cuanto a un destello visual de La fuente de la vida y opta por la eliminación de los golpes bajos propios de Requiem para un sueño (ya de por si ese título, es terriblemente sobreexplicativo).

Es cierto que El cisne negro está bastante lejos de ser una gran película: comete algunos errores, por momentos puede ser algo obvia en sus metáforas, y quedar al borde del pastiche. Sin embargo, como se mencionaba en el primer párrafo, ciertos elementos potencian su calidad y la alejan de ser un producto prefabricado y digno de esta temporada. El cisne negro comienza mostrando un escenario a oscuras mientras Nina Sayers (Natalie Portman en la mejor actuación de su carrera) baila una parte de El lago de los cisnes. Nina, en medio de la oscuridad, parece bailar dentro de si misma, de su conciencia, que se encuentra al filo de las tinieblas. Este personaje es diferente a cualquier otro que se encuentre en la filmografía del director de Pi (lo que dice mucha acerca del rumbo inconsistente e inseguro de su realizador).

Nina forma parte de un grupo de danza del Lincoln Center de Manhattan. El director, Thomas Leroy (Vincent Cassel), idea la realización de una nueva versión de El lago de los cisnes, despertando la obsesión de Nina, quien pretende no solo ser el cisne blanco (dulce, tierna, frágil) sino también su contraparte en la pieza, el cisne negro. Nina parece ideal para interpretar a El cisne blanco ya que su vida parece amoldarse al personaje del ballet. Aniñada, casi al borde de ser una adolescente que todavía juega con muñecas (como se puede vislumbrar al ver su habitación repleta de peluches), frágil, sobreprotegida por su madre (Barbara Hershey), Nina es, desde el momento en que desea los dos papeles, su propia enemiga. La llegada de una bailarina (genial y poderosa interpretación de Mila Kunis, quien ganó como Mejor actriz en Venecia) parece empeorar las cosas para Nina, quien va cayendo en un espiral de locura y obsesión por llegar a la perfección que solo el cisne negro puede ofrecerle.

Es en el momento en que Nina observa que su realidad comienza a trastornarse en donde El cisne negro comienza el descenso a los infiernos de la mente de Nina. Y es ahí mismo donde el film, que hasta ahí utilizaba el mundo de la danza de manera banal y previsiblemente (como demuestran las rivalidades entre las bailarinas), aborda su metamorfosis en algo más abstracto e ilógico. Uno de los aciertos de Aronofsky es el de unir a la protagonista con la película en si. Nina comienza a sufrir transformaciones en su cuerpo y mente, como también el film empieza a recorrer terrenos misteriosos. Por eso no es incorrecto decir que la mirada que propone el film de Aronofsky, no solo es la de Nina, sino la del propio espectador que ve tanto una descomposición de la protagonista como de la historia y el universo del que forma parte.

Aronofsky toma el mundo de la danza para ir agregando elementos e inclusiones y tópicos de diversos géneros utilizados en la deformación su propio film. Si la historia avanza en un principio con el objetivo de relatar las desventuras de Nina por obtener los dos papeles, esto rápidamente se ve afectado por múltiples toques pertenecientes a diversos géneros. Y otra vez surge lo que se mencionaba anteriormente: la deformación de la carne en Nina es simétrica con respecto a la podredumbre del film. Lo que hace el director es simplemente no hacer de su película, una historia que recorra una línea recta sino que se vaya deformando a golpes para terminar en algo mucho más amorfo si se quieren, en lo cual nunca se sabe que camino va a tomar. Por momentos la película parece tener como puntos de contacto inmediatos a Momento de decisión, por otras a un estilo ya visto en El club de la pelea, en muchos otros a Las zapatillas rojas (obra cumbre de la historia del cine), en la personalidad de Nina parece haber varias similitudes con el personaje de Denueve en Repulsión, la madre sobreprotectora que compone Barbara Hershey parece encontrar un nexo con la madre de Carrie, y por partes el film en si recuerda a algunos títulos de David Cronenberg. El cisne negro es una película que, justamente, a Cronenberg le hubiese interesado filmar, ya que guarda relación con la temática que recorre su filmografía: la descomposición de la carne, el cuerpo que recubre lo oculto, la violencia, y lo sexual como medio de la verdadera liberación son temas que se encuentran en El cisne negro. Si se observa la degradación de un cuerpo como el de Nina también se vislumbra que su mente se empieza a retorcer hasta niveles de autoflagelacion.

En los primeros minutos de la película, Leroy le ruega a Nina que si quiere ser El cisne negro tiene que soltarse, llenarse de pasión, seducir, sentir... objetivo que Nina no cumple. La sobreprotección de su madre y su estilo casi naif atentan contra la unión de la joven con el oscuro personaje de la obra. Algo similar ocurre con la película de Aronofsky ya que por momentos (otra vez surge la cuestión de qué punto de vista tiene el film) es demasiado estancada, rígida, explicativa, obvia en sus ideas con respecto a la personalidad de Nina (los reflejos y la contante idea de los espejos y las dos caras, resultan ser elementos tan obvios como repetidos). Sin embargo, como lo exige una gran interpretación de el cisne negro, el film en muchos momentos seduce, encanta, divierte, desborda pasión y locura. Es cierto que a algunas personas no les gustará el golpe de timón pseudo fantástico que realiza Aronofsky, pero corresponde con la naturaleza del film. En el cine hay algo hermoso que se da en pocos casos y El cisne negro lo tiene: en primer lugar la conexión del universo, la totalidad de la película, con sus personajes, que son en definitiva partes de un mismo todo; y en segundo lugar, la desesperada, hermosa, consciente locura que se le puede dar a un film (si corresponde hacerlo). Cuando El cisne negro (la película) se suelta seduce y logra el suspenso. Suspenso no como género (que además lo tiene) sino en pensar que va a suceder en la próxima escena, ya que por momentos no se sabe que camino tomará Aronofsky con su historia. Cuando pretende ser más controlada, tomando con seriedad las múltiples visiones de Nina y todo el entorno en el que se encuentra, la película pierde bastante de su verdadera esencia. Curiosamente, son estos momentos menos logrados los que se encuentran al borde de una tragedia cinematográfica y no los otros donde se exalta de manera tan hermosa y emocionante la locura de la protagonista.

A veces se encuentran ciertas películas que nos llevan a experimentar un nuevo mundo, a ser parte de algo que no conocemos. El camino para el espectador es elegirlo o rechazar la oferta que se presenta. Cuando a veces se escucha la expresión de "es cualquier cosa" es porque hay un film que propuso un universo particular y ese espectador decidió no aceptarlo. El cisne negro chupa al espectador que decida involucrarse en la locura de Nina y el que no quiera ser parte de este universo se verá alejado y cuestionará los elementos fantásticos que se presenten a lo largo del film. Realmente, hay que ver para creer ciertas cosas que suceden en El cisne negro.

En este sentido, Aronofsky parece no tener miedo y va a 300 por hora. Las películas que no tienen miedo de estrellarse contra la pared son las más honestas, más disfrutables, más pasionales. El director de Pi crea una película visceral, demente, seductora, que raya el papelon pero que sale triunfante cuando no se sabe que va a suceder con la protagonista. Gira, gira, gira, eso es lo que la película hace todo el tiempo. Cuando vemos que nada más puede suceder, un cuerpo en el piso. Alguien lo esconde en una puerta. De repente hay suspenso, hay emoción, pasión por lo desconocido, apetito por la destrucción. Allá está El discurso del rey si quieren ver algo correcto, tan simple que elimina todas las lecturas que se le pueden hacer al film. Allá se encuentran los Coen, carentes de pasión por cualquier cosa. Por eso mismo, aplaudan de pie: Aronofsky no hizo una gran película, está bien, pero sigue girando y a esta altura verdaderamente a quién le importa.



EL CISNE NEGRO (Estados Unidos, 2010)

Dirección: Darren Aronofski.

Interpretes: Natalie Portman, Mila Kunis, Vincent Cassel, Barbara Hershey, Winona Ryder, Benjamin Millepied.

Guión: John J. McLaughlin, Andres Heinz y Mark Heyman.

Producción: Mike Medavoy, Arnold Messer y Brian Oliver.

Fotografía: Matthew Libatique.

Montaje: Andrew Weisblum.

Música: Clint Mansell.

Calificación: 7

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Los realizadores que repiten personalidades protagónicas son más consistentes????????????

Que cine fabuloso debés ser capaz de crear.

Avisá cuando estrenes. No tengo blog dejame el aviso aquí así reservo las entradas.
Gracias.

Para mi es la mejor pelicula de los últimos años.
Saludos
Lola

Luciano dijo...

Hola! Yo digo que Aronofski es irregular como realizador, no solo por la calidad de sus películas (lo cual es simplemente una opinión personal sobre su filmografía y no más que eso) sino porque ninguna tiene un hilo que una a todas ellas, ya sea por el tratamiento de sus personajes o una tematica que permite descubrir un común denominador en todas ellas.

Sin embargo, El cisne negro me gustó (le puse un 7!!) porque es algo que no se ve comunmente en el cine americano mainstream (a pesar de estar producida por Fox Searchlight, compite en las grandes ligas) el quiebre de la corrección política y el apetito por hacer algo hasta casi experimental. Se puede observar en otros directores, pero Aronofski se la juega y le sale bárbaro.

Saludos!

Hernán dijo...

Comparto muchas de las cosas que decís, y en especial esta idea de alejarse de la corrección y tirarse a la pileta del ridículo y el desborde, sin que importen las consecuencias. Este Aronofsky tiene mucho del De Palma de los 70 (el de Sisters, Fantasma del paraíso, Carrie), y no por nada no se cansa de citarlo, tanto en la fábula como en las formas. Creo que Aronofsky logra abandonar cierta pose cool (en la que otros se encasillan, como es el caso de Gondry) para soltarse y mostrar sin vergüenza lo que le sale. El cisne negro es una película honesta, y por eso una gran película.

Saludos!